CUANDO LA PRENSA CALLA, EL SILENCIO GRITA/J.V.P/EL NARCOFISCAL/2000
Posteado en Entrevistas on 07/13/2010 02:14 pm by dahrma
De : Jose Antequera
À : hijos_hijas@yahoogroups.com
Envoyé le : Dim 11 juillet 2010, 18h 30min 17s
Objet : Columna
A salvo de perdón
A propósito de la sentencia de la Corte IDH por el asesinato de Manuel Cepeda, se han dado reacciones que, muy por lo bajo, pretenden evitar el cumplimiento de la misma. Eduardo Escobar, Andrés Felipe Arias y otros, no sólo se equivocan al sugerir que Iván Cepeda sea quien pida perdón por su padre, sino que además incurren en una insolencia contra una dignidad que les avasalla, lo cual conecta, como en el refrán, a la ignorancia con el atrevimiento.
Nadie tiene de qué avergonzarse por ser comunista o hijo de comunista. Esto no implica negar los graves errores de una empresa que por caminar el curso del progreso cayó en muchas perversiones cuya no repetición también fundamenta los derechos humanos, y por eso no hay duda sobre el obligatorio reconocimiento y responsabilidad de los crímenes de lesa humanidad que se han cometido con las banderas de la justicia social. Pero el perdón no es una posibilidad en este caso. La razón es que en lo que se refiere a la Unión Patriótica, es claro que la opción demostrada con la propia vida de sus militantes, una y más de tres mil veces, fue la de la paz y la democracia, y eso, en vez de ser un motivo de vergüenza, es un orgullo y un legado generalizable.
El día que vengan las disculpas que tiene que pedir el Estado Colombiano, lo que debe venir es el reconocimiento de esa verdad: Que en Colombia no es delito ser comunista, como lo fue Manuel Cepeda; que la Unión Patriótica fue una esperanza real de paz; que los derechos humanos deben ser garantizados sin distinción de raza, género, credo u opinión política. El que se la publique en un medio de comunicación de las Farc, no le quita un ápice de certeza. Y tal verdad no se defiende por arrogancia, ni mucho menos por ganas de humillar. La verdad es un asunto de dignidad.
Que a un poeta y a un exministro les moleste la dignidad llevada a gestos reales de reparación como un pedido de perdón de parte del Estado por un asesinato del cual es responsable, es simplemente demostrativo del estado actual de las cosas en Colombia. Por supuesto, un genocidio no sólo es una eliminación de un grupo entero, sino también la imposición de una mirada que se acepta ampliamente como conveniente; en este caso, la mirada según la cual aquel que ha sido asesinado por comunista mereció su propia suerte por victimario y a su vez indigno.
Contra esta lógica se opone la sentencia de la Corte IDH y lo que está en juego allí, no es ni la renovación necesaria de la izquierda ni la condena a los actos de las Farc, sobre lo cual deben darse todas las discusiones. Lo que está en juego es la democracia colombiana, el derecho a pensar distinto, la matanza que puede repetirse con el argumento de que hay sujetos exterminables por su pensamiento. Por eso la exigencia de las víctimas rebasa las reivindicaciones individuales, y se convierte, sin más, en un compromiso con el presente y el futuro.
La memoria, señores, es una perspectiva desde la que se ve la dignidad situada históricamente, para defenderla, ayer, hoy y mañana, y ese compromiso en el caso de Manuel Cepeda y de la UP, se encuentra a salvo de perdón.![]()